El mundo está atravesando una profunda transformacióndesde todo punto de vista: medioambiental, social, económico, científico, tecnológico y espiritual. Ahora bien, ¿cómo podemos acompañar este cambio y darle sentido? ¿Cómo queremos vivir personal y colectivamente?

Hoy, me gustaría abordar con Luc Bigé la preeminencia de un sistema médico-político que ha dejado de reflejar la diversidad de las ciencias y de los científicos, la cuestión de la ciencia y la verdad, el fin del mundo tal como lo conocemos, el intento transhumanista de crear un hombre nuevo a través de la biología y el simbolismo del elemento aire. Ubicado en el cruce de distintos mundos y encarnando la interdisciplinariedad como un nuevo paradigma de investigación, Luc tiene la capacidad de vincular diferentes enfoques y realidades con el fin de abrirnos a una visión holística y a la integración de un entendimiento más global. En efecto, ex bioquímico, investigador, escritor, filósofo, simbolista y conferenciante, aboga por una aproximación más poética para entender la realidad ya que considera que una mera visión mecánica no es suficiente para abarcar toda su complejidad. Además de la vía científica -considerada como el único camino del conocimiento- introduce otros tres enfoques 1, entre los cuales el simbólico (siendo el símbolo el lenguaje de la naturaleza y del inconsciente) que tiene tanta importancia como la realidad física.

Ilustración de Julián Bueno

Desde su punto de vista, una reinterpretación actualizada de los sistemas simbólicos tradicionales es la forma de dinamizar y revitalizar el mundo («re-encantar el mundo»), que se deseca bajo el predominio de una visión materialista y tecnológica de lo real. Si la naturaleza es portadora de sentido y si contribuye a la visión de una realidad objetiva, resulta imprescindible explorarla para que el ser humano no acabe mimetizándose con las máquinas.2

Las circunstancias recientes han puesto de relieve la cuestión de la independencia de la investigación científica y la de su manipulación tendenciosa bajo el peso y la influencia del lobby industrial. Un cientificismo 3 que detiene la Verdad y cuyo discurso establece, día tras día, una comunicación que produce ansiedad, alimentada por los gobiernos y difundida por los medios tradicionales. En las antípodas de la pluralidad de visiones y opiniones, este sistema médico-económico-político está modificando profundamente nuestra sociedad y nos lleva hacia una lógica autoritaria que tiende a despojarnos de nuestros derechos y libertades fundamentales al mismo tiempo que nos impone un gran salto transhumanista. Por ejemplo, ¿por qué negar la existencia de tratamientos eficientes 4 contra este virus y querer imponer a toda costa una estrategia de vacunación sean vacunas clásicas o una vacuna Messenger RNA en lugar de inyectar dinero en los hospitales y financiar la apertura de camas de cuidados intensivos? Sin embargo, estas circunstancias tienen el mérito de revelar y arrojar luz sobre la disfunción y la corrupción sistémica que asolan muchas partes de nuestras sociedades. Además, nos llevan a aceptar la diversidad de puntos de vista, respetar las diferencias y reflexionar globalmente sobre el mundo que queremos construir. ¿Qué lugar ocuparán la inteligencia del corazón y la conciencia en una realidad humana aumentada por las nanotecnologías?

¿Cómo crear puentes entre el ámbito científico y el mundo del misterio? Esta es la tarea a la que se dedicaLucBigé proporcionándonos claves que tienen un valor inestimable. Nos recuerda que la naturaleza es «bilingüe»: sigue, al mismo tiempo, una lógica racional, ampliamente demostrada por las ciencias, pero también una lógica de sentido. Estas dos facetas pudieron convivir en armonía hasta el Siglo de las Luces. Los siglos siguientes favorecieron la supremacía de la racionalidad y trató de borrar todo rastro de lo sagrado y la presencia del mundo mágico. Hoy asistimos al fin de un mundo, el que marcó el advenimiento de la revolución industrial con sus corolarios, ya sea la aceleración del progreso científico y técnico o el auge del liberalismo económico y del productivismo que condujo al desarrollo del consumismo.

Luc Bigé hace una analogía entre las cuatro edades mitológicas y las cuatro grandes eras de la civilización para comprender los diferentes procesos de transformación que han llevado a la situación actual. Señala que este mito no nos dice qué esperar a continuación, ya que no existe una «quinta edad». Después de los cazadores-recolectores, los agricultores, los industriales y los creativos, sabemos que es imposible ir más lejos, no solo por el vacío mitológico, sino también por una causa puramente física: la velocidad de la luz es teórica y experimentalmente insuperable.

Nos incumbe salir de la ilusión de la separación de estas diferentes realidades y reinventar los conceptos de tiempo y espacio tras el año 2020 que ha marcado, sin duda, una desestructuración de las formas y una vuelta forzada a uno mismo para iniciar la transformación de las conciencias. ¡Antes necesitábamos ver para creer y ahora se trata más bien de lo contrario! Cada uno de nosotros debe convertirse en la fuente del cambio que anhela ver y experimentar, aunque desconozca todavía la naturaleza de este cambio, comprometiéndose y dando «este salto de fe» tan bien explicitado por Kierkegaard 5. Porque tan solo la toma de riesgo y la realización de nuestra búsqueda individual crearánun nuevo sentido y una nueva solidaridad.

Desde una perspectiva científica, ¿considera que la «ciencia plural» es la primera víctima de las circunstancias actuales?

La ciencia sigue siendo la ciencia. Las víctimas somos todos nosotros, los habitantes del siglo XXI que han entrado en un estado de confusión y en el reino de la opinión a expensas del pensamiento crítico y la experimentación. Me aturde el considerable deterioro de la calidad editorial de los principales medios de comunicación a lo largo de las últimas décadas: la recontextualización, el análisis y la pluralidad de puntos de vista brillan por su ausencia. Esta «papilla» de pensamientos que nos dan para leer hace que ya no haya un «diario de referencia» y deja así la puerta abierta a todas las interpretaciones, abocándose a una civilización de la sospecha. Se instrumentaliza la ciencia para servir atal o a cual punto de vista.

Tan solo puedo animar a los lectores a que vayan a la fuente, a que lean publicaciones científicas o a que cuestionen a los autores que han publicado artículos en revistas internacionales-no necesariamente a los médicos demasiado alejados de la investigación y, que tienen, a veces, conflictos de intereses- para forjarse una idea de la cuestión científica. Y cabe recordar también que la verdad es como la cola de un lagarto: cuando la atrapas, le sale otra.

De manera general, quien afirma una verdad ya no está haciendo ciencia sino que cae en la ideología. La duda permanente y la experimentación constantemente renovada son las dos actitudes que siempre han hecho avanzar el conocimiento científico. Hoy en día existe un desfase considerable entre la ciencia -neutral, objetiva, que se cuestiona continuamente- y su recuperación por una ideología de seguridad y los intereses privados de individuos y organizaciones.

Modelizaciones y previsiones erróneas, estudios sesgados, indicadores arbitrarios, no utilización de tratamientos eficientes e imposición de la terapia génica, pericia médica usurpada… ¿Se ha convertido la ciencia que intentan imponernos en una nueva religión?

Prefiero ser precavido en cuanto a la expresión «imposición de la terapia génica», ya que la vacuna no es obligatoria y no hay evidencia, por el momento, de que su ARN mensajero pueda integrarse en genes humanos. Pero es cierto que este apresuramiento por un método de vacunación muy nuevo sobre el cual nadie tiene perspectiva es preocupante y poco científico. También soy precavido en cuanto al uso del término «religión» que, en el fondo, es una manera para cada uno de relacionarse con una trascendencia, a lo que en sí es algo más grande que uno mismo, y que se vincula con otra forma de conocimiento que el conocimiento científico. Pero, por otro lado, es cierto que tratan hoy en día de imponernos creencias utilizando argumentos «científicos».

Pero, aquí de nuevo, hay una confusión de géneros. La ciencia es dudar, hacer preguntas, cuestionar, dar pequeños pasos y más raramente grandes avances, mientras que la creencia necesita compartir sus certezas y no puede soportar permanecer en una especie de tierra de nadie de un pensamiento sin respuesta. Evidentemente el que no tiene respuestas no puede brillar en los salones ni en los programas de televisión. Entonces, sí, las decisiones terapéuticas actuales son extrañas pero bastante acordes con un pensamiento único que prefiere una solución universal, como la vacuna, a enfoques plurales que tengan en cuenta las especificidades de los pacientes, su sistema inmunológico y los fármacos ya existentes que pueden curar la Covid-19.

La vacuna es el nuevo Mesías que permitirá lavar a la humanidad de todo pecado de enfermedad. Esto también evita interesarse por la naturaleza de este «pecado»: sobreproducción, explotación sin sentido de los bosques y ambientes naturales, disminución de la eficiencia de nuestro sistema inmunológico debido a la mala calidad de la alimentación y la contaminación, estrés en el trabajo, etc. Vivimos en un mundo complejo y, de manera bastante caricaturesca, proponemos una solución única para responder a su disfuncionamiento. Entonces, en el futuro, tendremos epidemias repetidas que serán otras tantas oportunidades para el control de la población en nombre de un poder único que se supone que nos va a salvar de una catástrofe. Pero, desgraciadamente, es cierto que es más fácil pensar en esa catástrofe que en el fin del capitalismo devastador sobre el que está basada nuestra sociedad moderna. La Covid-19 es, sin embargo, el síntoma-símbolo de una disfunción grave en nuestra forma de «hacer civilización».

Dicho esto, las creencias basadas en la imaginación son fundamentales en el proceso de búsqueda de la verdad porque abren posibilidades y permiten que el pensamiento salga de lo conocido. La imaginación es una función cognitiva exclusivamente humana. Puede servir a los miedos y deseos al amplificarlos, pero también puede convertirse en una interfaz fructífera entre el mundo espiritual y la realidad ordinaria. ¿La diferencia entre ambos? Hay un proceso imaginativo que encierra, da la sensación de estar dando vueltas a lo mismo, incrementa la ansiedad y, en general, aísla y extingue la alegría. Y la otra imaginación, la que Henri Corbin llamó el mundo «imaginal»6, amplía la conciencia al abrirla a lo desconocido y, a veces, al infinito. Es la fuente de la creatividad y la invención.

Ciencia y verdad… El respeto a la verdad debe ser una condición sine qua non, pero proclamar y reivindicar esta verdad no es suficiente si este proceso no va acompañado de una observación y razonamiento rigurosos y comprobados, de contrastes que permiten comprender su diversidad. Según usted, ¿qué requisitos necesita esta verdad científica?

Los tres pilares que sustentan la ciencia son la medición, la objetividad y el cuestionamiento. La medición supone experimentos realizados en condiciones de laboratorio donde se controlan todos los parámetros; la objetividad requiere al investigador que deje de lado sus opiniones personales para que estas no sesguen su interpretación de la experiencia; el cuestionamiento supone ser consciente de que, como Nietzsche lo escribía bellamente, «toda verdad es un error en suspensión». Por tanto, el verdadero investigador está en una postura de humildad intelectual. Sabemos por experiencia que cuanto más conocemos sobre un tema, más se revela su complejidad y menos podemos ser afirmativos y categóricos. El investigador científicose opone al «sabiecillo» que sabe un poco, pero poco, mientras está afirmando, a los que quieren escucharlo, sus propias convicciones bajo el disfraz de «ciencia». Lamentablemente, hoy hemos entrado en el mundo de esos sabiecillos y expertos autoproclamados que utilizan sus tenues destellos de conocimiento para afirmar, brillar y disfrutar de sus pequeños poderes.

Cabe subrayar que ni la búsqueda de sentido ni la ética son objeto de la ciencia. Las interpretaciones filosóficas, políticas, legales y éticas no son científicas y no pueden, en sentido estricto, utilizar la ciencia como para «hacerse valer». La cuestión del sentido atañe a otra lógica: la de los símbolos.

El estudio fraudulento sobre los efectos de la hidroxicloroquina arroja luz sobre la controversia relacionada con la calidad y validez de las publicaciones científicas. ¿Se ha avalado definitivamente la era de la post-verdad donde la ciencia se convierte en una simple herramienta de propaganda al igual que los medios tradicionales?

Este es, en efecto, un buen ejemplo de la instrumentalización de la ciencia, ya que se basaron en una publicación falsa para prohibir este medicamento, y nadie revisó esta decisión posteriormente. Por lo tanto, tenemos dos niveles de incompetencia por parte de los que deciden. Por un lado, no saben leer una publicación científica, lo cual es grave en tiempos de pandemia, y por otro lado demuestran su mala fe ya que no han reconsiderado su decisión de prohibir el uso de la hidroxicloroquina, que es aún más grave. Hubiera sido lógico preguntarse quién se beneficia de esta desinformación e iniciar una demanda por falsificación de datos científicos contra los autores de esta publicación. Recordemos el caso Lysenko que causó revuelo a mediados del siglo XX y fue un ejemplo contundente de la perversión de la ciencia por la ideología 7. Nos encontramos hoy en una situación comparable, pero sin que haya un juicio de momento.

Nuestra visión de la realidad está fragmentada y por lo tanto limitada porque la formulación de un punto de vista se vuelve excluyente. ¿Cómo podemos evitar la trampa de aferrarnos a una sola verdad, perdiendo así la oportunidad de ampliar nuestra perspectiva, nuestro conocimiento y llegar a una comprensión más amplia?

Debemos olvidar el término «verdad» y su opuesto natural, las «fake news», y comenzar a reflexionar, obtener información, cuestionar puntos de vista diferentes, incluso dispares. Lo «verdadero» está en constante movimiento y nadie puede adueñarse de él. Una verdad que se engancha es a menudo una opinión. La opinión es útil para la persona porque le ayuda a posicionarse y a tomar decisiones en su vida, pero no puede pretender a ninguna forma de universalidad. Cuando lo hace, se convierte en una ideología que aplasta la realidad como lo haría una increíble máquina de construcción.

El que aspira a la verdad debería hacerse estas preguntas: ¿soy capaz de vivir en la incertidumbre? ¿Soy capaz de observar el impacto de esa o aquella información, en términos de placer o disgusto, para no dejarme manipular por mis propias opiniones? ¿Soy lo suficientemente curioso, por ejemplo, para leer con seriedad y atención artículos que contradicen mis opiniones?

Más adelante solo un pensamiento global podrá cuestionar este virus:

  • desde un punto de vista científico (¿qué es?, ¿cómo funciona?);
  • desde un punto de vista sistémico (¿cuál es su impacto en nuestro sistema social complejo y sus consecuencias con el tiempo?);
  • desde un punto de vista simbólico (¿cuál es su sentido?);
  • y, finalmente, al comprender las transformaciones que aporta al mundo por el mero hecho de su presencia.

Hoy en día no se ha podido superar ninguna de estas etapas porque el prerrequisito del no saber se ha vuelto imposible por la multitud de creencias que invaden nuestro cerebro a través de los medios de comunicación.

Desde su punto de vista, «la crisis actual es esencialmente ontológica e invita al ser humano a una iniciación colectiva que lo conducirá hacia una nueva especie». ¿Cómo podría ser este «nuevo hombre»?

¡Esa es una gran pregunta! Nadie lo sabe. La evolución no se decide sobre la base del viejo mundo, que por naturaleza no puede incluir una nueva especie. Nos cuesta pensar en un cambio radical porque nuestras únicas referencias son las del mundo que conocemos. Por supuesto, existen pistas como el desarrollo del respiracionismo (práctica que consiste en alimentarse directamente de la energía vital que está por todas partes en el espacio) o los textos de Sri Aurobindo sobre el descenso del supramental en la Tierra. Sin embargo, la «nueva especie», lo que Satprem 8llamaba «el nuevo ser después del hombre», se revela por medios naturales y etapas sucesivas. Podemos acompañarlo en conciencia, pero es demasiado pronto para decir lo que será.

En la comida pránica es la inteligencia del cuerpo la que actúa, en la filosofía de Aurobindo es la voluntad del Espíritu la que transforma la biología humana. Lo que estos dos fenómenos tienen en común es el abandono de la voluntad del ego y el reconocimiento de que la evolución del hombre tiene lugar en su cuerpo. Es una evidencia que hemos olvidado un poco por la atención prestada durante el último siglo al desarrollo personal que tiende a llevar a la persona hacia un «tener» más en lugar de «ser» más. Sin embargo, la nueva especie requiere un cambio ontológico, sugiere que avancemos hacia un «ser» más, para conquistar esta conciencia de que «yo es otro». 9

Menciona varios intentos de cambiar la naturaleza humana desde el siglo XX: el nazismo a través de la violencia, el comunismo a través del condicionamiento y, hoy, el transhumanismo a través de la biología. Deriva eugenésica, aniquilación del espíritu crítico que lleva a la obediencia de los pueblos: ¿qué le inspira este tercer intento biológico que retoma las bases de los dos anteriores?

La idea de «cambiar al hombre» no es nueva. La Edad Media cristiana intentó transformarlo en Dios, los cuerpos conservados de los santos siguen siendo un prueba de ello; el nazismo trató de transformarlo reactivando viejas cosmogonías esotéricas y purificándolo en la violencia de la guerra; la forja del hombre nuevo soviético pasó por campos de reeducación ideológica, y hoy el transhumanismo está intentando, a su manera, crear un hombre nuevo. Solo el liberalismo prefirió cambiar la naturaleza externa y establecer sistemas de organizaciones que limitan el daño causado por la violencia y la codicia natural de los seres humanos. Pero este modelo en sí no es perfecto ya que conduce a la exteriorización de nuestras dificultades en el mundo vivo. Además, este deseo de cambiar a los humanos es legítimo: ¿quién puede decir que nuestra evolución, como especie, ha acabado?

La vía transhumanista, que aspira a crear una nueva especie a partir de la tecnología y la ingeniería genética, me parece tan peligrosa como las anteriores porque no se fía de la Vida ni de la inteligencia del cuerpo.

El transhumanismo es la culminación casi caricaturesca de las tesis de Descartes sobre el hombre-máquina, derivadas ellas mismas del humanismo surgido en los albores del siglo XV, con el Renacimiento italiano. Al poner al hombre por encima de todo, tanto de la naturaleza como de lo sagrado, esta filosofía ha fomentado la libertad de conciencia y el desarrollo de la ciencia. Pero también ha conducido al extraordinario narcisismo de nuestras sociedades que solo piensan en el mundo a través de las necesidades de los individuos.

Como Narciso, los transhumanistas buscan la perfección corporal y la eterna juventud; como él, sus corazones permanecen cerrados porque rechazan las lecciones de maduración del sufrimiento; como el Adolescente, no sondean sus profundidades más íntimas para conocerse realmente y desarrollar una empatía que sea más que teórica.

Hasta que la personalidad no contacte con el espacio del corazón, no podrá comprender que existe algo más que ella misma. El transhumanismo es un proceso narcisista que utiliza la tecnología prometeana para lograr sus fines. Sus turiferarios creen que sus cerebros son el alfa y el omega de la existencia humana. Pero, ¿dónde está la inteligencia del corazón? ¿Dónde está este contacto interior con lo que en sí mismo es más grande que uno mismo? ¡Este término de «transhumanismo» es tan engañoso y tan mal elegido!

Explicó que este período, marcado por la paranoia colectiva, se hace eco de otras épocas de la historia reciente como el inicio de la Primera Guerra Mundial, o los años 1947-48 que vieron el nacimiento de Israel, la partición de la India y luego el macartismo. ¿Cómo atravesar nuestros miedos más profundos y salir de esta paranoia colectiva?

La distancia histórica permite relativizar muchas cosas. Los miedos colectivos surgen en la historia de manera recurrente, como un viento maligno que se apodera de los hombres y adormece la claridad de su conciencia. Entonces hay que respirar, apagar la televisión y volver a sí mismo o, más simplemente, a temas que dan alegría. Es una forma de desidentificar nuestra conciencia de este veneno colectivo que es el miedo, porque estas sombras nacidas de memorias olvidadas del pasado reaparecen de vez en cuando y buscan, como ciertos dioses antiguos, ser honrados por la guerra y la sangre.

La sonrisa sin motivo que surge espontáneamente desde el interior es quizás el mejor antídoto.

«Cada uno ha de ser solitario en un proceso solidario.»Es cierto que ahora, el proceso de individuación ya no puede ceñirse solo a una autorrealización individual sino que ha de «servir» a la colectividad. Pero, ¿cómo conectarnos con nuestra voz interior y crear sentido (individual y colectivo) en este estado de sideración que nos paraliza?

En última instancia, la diferenciación entre el «yo» y el «no-yo» no es real. Aquel que se siente solo, en el sentido del mito del héroe, siempre recibe ayuda por parte de los dioses en su búsqueda. Es decir, el universo le brinda, bajo la forma de sincronicidades, encuentros, libros, descubrimientos artísticos, que contribuyen a su búsqueda. ¿Por qué? Porque esta, aunque sea solitaria, no es personal. La obra que el héroe entregará al mundo al final de su viaje contribuirá naturalmente al cambio colectivo.

El héroe es el que acepta salir de su zona de confort cuando «algo» percibido como esencial crece en lo más hondo de su pecho. Pero este brote aún es frágil. Para desarrollarse necesita ser «frecuentado», es decir, ser reconocido y honrado con frecuencia.

Escuchar la llamada interior es sentir el susurro esencial gritando en lo más hondo de tu corazón. Así, el sentido de tu vida se revela progresivamente como lo haría un cuerpo que se despoja lentamente de sus oropeles. Entonces, estaparcela de lucidez amorosa se revela de repente como una parte feliz y activa de una comunidad física o espiritual. Al atreverse a ser diferente a riesgo de aislarse, descubre una fecunda soledad que participa de la vida del universo.

Esta crisis solo ha acentuado varios procesos iniciados con las nuevas tecnologías (soledad y aislamiento físico, distancia del vínculo social, etc.) fomentando una vuelta necesaria a sí mismo. ¿Cómo evitar la trampa de la despersonalización y atomización de todos los lazos sociales y solidarios?

La paradoja de las redes sociales provenientes de las nuevas tecnologías es que encierran al sujeto detrás de una pantalla al mismo tiempo que promueven sus intercambios con el resto de la humanidad. Esta comunicación abstracta se basa únicamente en la vista y el oído. Deja de lado a los sentidos ligados a la convivencia y la toma de riesgos: el tacto de los cuerpos, el sabor de los alimentos compartidos y el olfato que nos da información sobre el espíritu de una época. Por lo tanto, lo que se nos propone es una comunicación aséptica, contraria a los compromisos heroicos.

El riesgo de atomización es entonces muy real ya que esta tecnología favorece los sentidos vinculados con lo lejano, la visión y el oído, a expensas de la proximidad, que es la única que nos impacta y conmueveen profundidad. El teletrabajo acentúa esta inmersión del ser humano en lo abstracto y lo inmaterial, a la luz de las pantallas y las ondas sonoras de los altavoces.

¿Cómo evitarlo? Nuevamente no hay ninguna fórmula mágica. Pero, para reequilibrar, reorientar estos sentidos hacia una vida interior, podemos por ejemplo, «mirar», luego anotar nuestros sueños y «escuchar» nuestras sensaciones corporales. Entonces florecerá el anhelo de bailar, compartir, poetizar y cantar juntos,aunque todavía sea a través de las pantallas por el Covid.

¿Es el problema la solución o la solución provendrá de lugares y personas completamente inesperados?

Probablemente ambos. La biología nos enseña que los grandes inventos de los seres vivos ocurren y se desarrollan en tiempos de crisis, cuando la presión de los organismos dominantes sobre los ecosistemas se debilita. Necesitamos estar en tierra de nadie para que surja la novedad, de lo contrario sería aplastada por el poder ciego de los valores dominantes. Desde otro punto de vista, el problema es en realidad el síntoma y símbolo de un disfuncionamiento sistémico. La Covid-19 también habla de la patología de nuestro sistema de organización social, que es inadecuado para su integración en el frágil equilibrio de nuestra biosfera.

Como ocurre con la enfermedad en el cuerpo humano, la patología es a veces un proceso de sanación que «expurga» las tensiones psíquicas y lo no dicho de la persona. La pandemia es a la vezun problema a resolver por la ciencia, un proceso de transformación de la sociedad (para bien o para mal) y un símbolo que revela nuestras disfunciones colectivas.

La conciencia no está asociada con ningún elemento. Pero si fuera el caso, probablemente sería con el elemento aire. La reciente conjunción de Saturno y Júpiter en el signo de Acuario -iniciando un ciclo de 200 años- así como la actividad exacerbada en los signos de aire en las próximas décadas (el nodo norte en Géminis hasta 2021, la llegada de Plutón en Acuario en 2023 y el de Urano en el signo de Géminis en 2026) ¿anuncian esta transformación de la Conciencia?

Para ser precisos, este es un período de aproximadamente 238 años. El período en el que nos encontramos comenzó en 1981 y continuará hasta 2219. Durante este tiempo, las sucesivas conjunciones entre Júpiter y Saturno se darán en signos de Aire, a excepción de la del año 2000 que ocurrió en la Tierra de Tauro. La de diciembre de 2020 se formó en el primer grado de Acuario.

El elemento Aire tiene algo que ver con la sutileza, la elegancia, el distanciamiento de lo real, la capacidad de percibir detalles generalmente invisibles. El período anterior de 240 años estuvo en signos de Tierra, a lo largo de los siglos XIX y XX, marcando así una era materialista centrada en la explotación de los recursos naturales. Podemos pensar que los próximos dos siglos serán «más ligeros», orientados a la comprensión de realidades sutiles como la naturaleza de la comunicación con otros reinos vivientes y la hermandad de especies. El último ciclo Júpiter-Saturno en Aire se produjo entre 1186 y 1425, período que incluye el Renacimiento italiano con el inicio del humanismo (conjunción Neptuno Plutón de 1399), las premisas de la gran peste negra (1347) y la guerra de los Cien Años (1337) ambos sincrónicos con una conjunción Urano-Plutón. ¡Vemos aquí que es peligroso poner todas las esperanzas en un solo ciclo astrológico! En el siglo XIV, el Aire funcionó como factor de desorganización de la sociedad medieval, un mundo no obstante estructurado por los esfuerzos de los siglos anteriores.

La conciencia, como usted lo señala, no pertenece al Aire, al Fuego, al Agua o a la Tierra, sino que utiliza estos cuatro elementos para expresarse. La astrología india introduce un quinto elemento, el akasha, que a menudo se traduce por «Espacio». Es quizás lo más sutil y cercano a la naturaleza de la conciencia. Entrenar para percibir el Espacio como una entidad, como un ser vivo dentro del cual nos movemos, puede darnos algunos insights sobre la naturaleza de la conciencia.

Entrevista a Luc Bigé. ¡En nombre de la ciencia, del sentido y de la conciencia !

Notas/Notes

  1. Además del enfoque científico, Luc Bigé vuelve a introducir el enfoque sistémico (relación entre los objetos pero siempre en el ámbito científico) y dos vías que atañen a la cuestión del sentido.
  2. Obras de Luc Bigé https://reenchanterlemonde.com/les-ouvrages-de-luc-bige/
  3. «El término cientificismo en francés fue acuñado en 1898 por el escritor RomainRolland, contra un movimiento de pensamiento según el cual el conocimiento científico permitiría resolver todos los problemas filosóficos, sociales, morales y políticos de la humanidad. El término es, por tanto, controvertido ya que el movimiento de pensamiento al que se dirige es el positivismo de Auguste Comte, y desde el principio despreciativo porque el proyecto que lleva se considera idealista si no casi religioso.»https://www.cairn.info/revue-psychotropes-2010-3-page-77.htm
  4. Podemos mencionar por ejemplo la hidroxicloroquina, cuya eficacidad ha sido demostrada en más de 136 estudios publicados en el mundo, pero también la ivermectina, la azitromicina o la colchicina; y por fin, la importancia fundamental de la alimentación, de los micronutrientes, de los oligoelementos (sobre todo el Zinc), de las vitaminas (C y D) que permiten paliar las carencias que debilitan nuestro sistema inmunitario.
  5. En Temor y Temblor, escrito filosófico publicado en 1843 por Søren Kierkegaardbajo el seudónimo de Johannes de Silentio, este se basa en la historia de Abraham para ilustrar el tema del salto de fe, de lo absurdo de la existencia y la suspensión de la ética. Para obedecer al absurdo mandato de Dios que le pide sacrificar a su hijo Isaac, Abraham da un salto en la fe y suspende la ética.
  6. «El término fue acuñado por Henri Corbin, especialista en filosofía islamista. Según él, la imaginación posee su función noética y cognitiva propia, es decir, que nos da acceso a una región y realidad del ser que, sin ella, permanece cerrada y prohibida. Esta realidad es el mundo imaginal, compuesto por imágenes metafísicas (dioses, héroes, ángeles, musas, hadas) que permiten acceder a los arquetipos, esos ladrillos que constituyen el mundo del sentido.» El Pergamino magnífico, Opúsculo 1
  7. https://revistas.urp.edu.pe/index.php/pluriversidad/article/download/2243/2276/
  8. https://www.aurobindo.ru/workings/satprem/on_the_way_to_superhumanhood_sp.pdf
  9. Cita del poeta Arthur Rimbaud

Un pensamiento en “Entrevista a Luc Bigé. ¡En nombre de la ciencia, del sentido y de la conciencia !

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