El mundo está atravesando una profunda transformación, sea desde un punto de vista medioambiental, social, económico, tecnológico, científico y espiritual. Ahora bien, ¿Cómo podremos acompañar este cambio y darle sentido? ¿Cómo queremos vivir personal y colectivamente? ¿Cómo podemos tender hacia la construcción de economías y sociedades más sostenibles, inclusivas y equitativas?

Hoy me gustaría abordar con Yolanda Bassas Gimeno, abogada franco-española, el impacto de las circunstancias vividas para los inmigrantes, a través de su experiencia directa y del trabajo inspirador que realiza en su asociación No one is illegal. Abogada dedicada a la defensa de los derechos humanos, la sensibilidad altruista de Yolanda, reforzada por su educación, siempre se ha manifestado bajo la forma de acciones concretas pero desde 2016, su implicación para con los inmigrantes ha sido cada vez más amplia. Sus viajes como voluntaria en los campos de refugiados de Grecia, Serbia e Italia la llevaron a crear su asociación para acompañar a los inmigrantes en sus trámites legales. Yolanda es una persona dotada de una gran objetividad, espíritu crítico y ética profesional que la incitan a cuestionar la política llevada en España y aún más en las circunstancias actuales.

“En mi opinión, todo empieza por la educación. La educación es el “arma” más potente. Educar a los más jóvenes con valores de igualdad y empatía es la clave, es esencial.”

El reciente estado de alarma ha afectado el ejercicio de nuestros derechos fundamentales y libertades públicas y el país parece estar reanudando con reflejos conservadores y autoritarios. En efecto, muchos de nuestros derechos han sido cercenados como la libre circulación en el territorio, el trabajo, la libertad de expresión, el derecho a la vida privada, a la salud, etc. ¿Cuál ha sido el impacto para los inmigrantes? Los inmigrantes son poblaciones doblemente vulnerables: exposición al riesgo de infección e indigencia derivada de las medidas de prevención establecidas. Ante la pandemia que les priva de recursos imprescindibles para cubrir sus necesidades esenciales, están más expuestos que el resto de la población a la expulsión, la estigmatización, al sinhogarismo y a la malnutrición. Desprovistos de documentación y de un gran número de derechos fundamentales, muchos ya no tienen trabajo o recursos y su estatuto les impide acceder a los servicios básicos y otros prefieren no hacerlo porque temen ser expulsados o detenidos.Y esto, sin mencionar los efectos devastadores sobre la economía. ¿Qué soluciones hay ahora? La educación es evidentemente una respuesta para llevar a cabo un cambio de mirada y ayudar a los futuros adultos a concebir la diferencia con ojos de igualdad.

¿Qué te ha llevado a crear tu propia asociación para ayudar legalmente a los inmigrantes?

Desde que, en marzo de 2016, decidí irme como voluntaria a los campos de refugiados en Grecia, he sido testigo de las constantes vulneraciones de derechos humanos que sufren estas personas. En ocasiones, he vivido situaciones que calificaría como un verdadero desastre humanitario. Mi experiencia estos últimos años al lado de estas personas me ha llevado a crear mi asociación NO ONE IS ILLEGAL. Ningún ser humano es ilegal y todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Son principios fundamentales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Muchos estados desafortunadamente han olvidado estos principios. El objetivo de mi asociación es precisamente defender y hacer aplicar estos principios. Proteger legalmente a estas personas, regularizar su situación e intentar darles una oportunidad para que tengan una vida digna.

¿La situación excepcional del Coronavirus puede justificar legalmente la privación de nuestros derechos fundamentales?

Según mi opinión, no debería. La Constitución española prevé tres situaciones excepcionales, de gravedad diferente y con restricciones de derechos más o menos importantes en función del estado que se dicte (estado de alarma, estado de sitio, estado de excepción). El estado de alarma es el más «light” por decirlo de alguna manera, el menos invasivo o limitativo por lo que respecta a los derechos de las personas. Dichos estados están regulados en la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio. En mi opinión, tan solo en el estado de sitio y de excepción podrían limitarse determinados derechos fundamentales. En el estado de alarma no debería suceder pero, de facto, sí que ha ocurrido.

Por otra parte, me gustaría aprovechar para señalar que, durante el estado de alarma, ¡se han impuesto más de un millón de sanciones! Creo que España es el país europeo que más sanciones a impuesto durante la crisis sanitaria. Esta cifra supera con creces el número de sanciones impuestas en este país en tres años. Creo que ello debe dar motivo a muchas reflexiones…

En el contexto de tales medidas restrictivas y limitantes, ¿cómo has podido seguir ayudando a los inmigrantes desde tu asociación?

Ha sido realmente muy complicado pero hemos logrado tener un seguimiento de la mayoría de las personas que gestionamos. Estamos siempre conectados con ellas a través del WhatsApp y por vía telefónica. Además, hacemos reuniones periódicas con otras organizaciones con las que colaboramos como, por ejemplo, la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR) o Proactiva Open Arms. He mantenido un contacto continuo con los trabajadores sociales designados para algunas de estas personas y ello nos ha permitido tomar decisiones globales en momentos muy complicados. También hemos tenido que redactar certificados, destinados a entidades o administraciones, explicando la situación de estas personas y los motivos por los cuales su documentación no podía ser renovada durante el estado de alarma. Muchas personas han visto cómo sus citas para solicitar protección internacional han sido anuladas (después de haber esperado meses para realizarlas). Sin embargo, el trabajo que se nos viene ahora encima será todavía peor del que hemos vivido durante el estado de alarma. Si todas estas personas estaban en una situación muy vulnerable, imagínate ahora. Muchas se están quedando en situación de calle, en riesgo de exclusión social y su estado psicológico se ha deteriorado mucho.

Algunos gobiernos, como el de Portugal, han adoptado medidas innovadoras y solidarias para el cuidado y la protección de los inmigrantes. Ante el cierre de los servicios de extranjería, ¿qué medidas se han tomado en España para situar en igualdad de condiciones a inmigrantes y a españoles en cuanto al acceso a derechos básicos durante la pandemia?

Desafortunadamente España no ha tomado prácticamente ninguna medida. Tan sólo, mediante un Real Decreto-Ley ha permitido, por ejemplo, trabajar a aquellos ex MENAS (menores extranjeros no acompañados) y jóvenes inmigrantes, concediéndoles un permiso de trabajo, para que puedan trabajar en el sector agrario, un sector clave durante la crisis del Covid-19. En mi opinión, es una medida muy hipócrita de cara a un colectivo social que el Gobierno y la sociedad tienen muy marginado y estigmatizado. De hecho, no me gusta nada utilizar la palabra ex MENA, como si tuvieran ya una etiqueta de por vida. Todo y así, me alegro mucho por todos estos jóvenes inmigrantes que, al menos, han podido trabajar cuando, hasta ahora, se les negaba esta posibilidad.

Hay que señalar que la casi totalidad de las personas migrantes no han podido acceder a las ayudas sociales y económicas del Gobierno. Por otro lado, durante el estado de alarma ninguna de ellas ha podido renovar su documentación. En breve, la gran mayoría de los solicitantes de asilo tendrán su documentación caducada. Existe una instrucción (nº 9/2020 de 21 de mayo) que prorroga automáticamente estos documentos, pero ni las administraciones ni las entidades privadas conocen su existencia. Así que cada vez que deben realizar un trámite se les rechaza el acceso al mismo.

¿Qué estrategia podemos llevar a cabo para poner fin al doble discurso de los gobiernos que, por una parte, necesitan a los trabajadores inmigrantes y, por otra, no les regularizan?

En mi opinión, todo empieza por la educación. La educación es el “arma” más potente. Educar a los más jóvenes con valores de igualdad y empatía es la clave, es esencial. La educación puede crear a futuros adultos responsables, empáticos y con valores maravillosos. ¿Sabes que en las escuelas no se enseñan los derechos humanos a los más jóvenes? No puedo explicármelo. Para mí debería ser una asignatura por sí sola y, además, obligatoria.

Si se quieren respetar los derechos de estas personas, derechos fundamentales como la educación, eltrabajo, etc., estas personas deben ser regularizadas. Su regularización les dará acceso a estos derechos que ya deberían tener por el simple hecho de nacer. Hay diversos estudios que demuestran que las poblaciones donde hay más inmigración son más prósperas. La diversidad es riqueza, contrariamente a lo que piensan la mayoría de nuestros gobiernos y parte de la sociedad. Siempre se ha tenido miedo a lo diferente y el extranjero es diferente. Es una lástima pensar así.

Por último me gustaría hacer una reflexión y es que parece que las personas tengamos una memoria muy corta. La sociedad sufre amnesia ya que no hay que olvidar que, hace 80 años, los españoles fuimos refugiados.

¿Se están tomado medidas para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19?

De momento, para las personas migrantes y refugiadas, no tengo conocimiento que se hayan adoptado medidas.

La propaganda contra los inmigrantes se nutre de los miedos vinculados con el Coronavirus. ¿Temes una acentuación de la polarización de la cuestión migratoria después de la pandemia?

Bueno ahora muchas familias españolas estarán pasando dificultades y, desafortunadamente, esta situación va a acentuar todavía el tema del NO al extranjero. Los partidos de extrema derecha “se están frotando las manos”. Van a alimentar más el discurso del odio. Es realmente una lástima porque, te puedo asegurar, que las personas migrantes no reciben más ayudas que las españolas.

Observamos una voluntad de ampliar controles sanitarios y extender sistemas de identificación a través de aplicaciones de trazabilidad en cuanto a movilidad. ¿Crees que esta crisis del Coronavirus puede limitar las vías legales para los inmigrantes y favorecer la clandestinidad?

Sí, es horrible. Me causa verdaderos escalofríos. No tengo la menor duda de que estas medidas limitarán aún más los derechos de estas personas.
Por ejemplo, algunas de ellas no han podido solicitar protección internacional ¡un derecho reconocido desde hace más setenta años! ¿Te imaginas lo que ello supone? ¿Te imaginas lo que significa tener que decir, por ejemplo, a un kurdo proveniente de Siria: “lo siento pero a causa de la Covid-19 no puedes por el momento solicitar asilo…”? Pues desafortunadamente sucede. Es muy triste.

La clandestinidad siempre ha existido y existirá. Las personas que huyen no dejaran de hacerlo porque no tienen otra opción. Quien está dispuesto a perder su vida en el desierto del Sahara o el mar Mediterráneo no lo hace por placer. Muchas de las personas de las que me ocupo y que han llegado en patera desde Libia o Marruecos me dicen: “no tenía nada que perder, o moría en mi país o moría en el mar”. Creo que con esto te resumo la situación. Habrá más personas irregulares sin lugar a duda y cada vez más personas que huirán de sus países. En 2019 alcanzamos la inestimable cifra de 79.5 millones de personas que debieron abandonar sus hogares, casi 9 millones más que en 2018.

Las asociaciones necesitan donaciones pero no solo eso. ¿Qué iniciativas individuales se pueden fomentar para reinventar este sistema colaborativo y lograr un proceso de individuación en el seno del grupo?

Las donaciones o aportaciones son siempre muy importantes, diría imprescindibles. Sin ellas no podrían llevarse a cabo muchos proyectos. Por ejemplo, no podrían pagarse las tasas que piden las administraciones para llevar a cabo la regularización de las personas. Tampoco se podrían pagar los alquileres de habitaciones o pisos donde las personas migrantes o refugiadas son alojadas. Sin estas donaciones muchas más personas estarían en situación de calle. Desafortunadamente las donaciones hoy en día son muy necesarias y creo que lo continuarán siendo durante mucho tiempo. Pero también es cierto que otros métodos alternativos pueden ayudar y mucho: por ejemplo, personas que quieren acoger gratuitamente migrantes en sus casas; psicólogos o médicos voluntarios que hacen el seguimiento, de forma gratuita, de estas personas; profesores de lenguas que enseñan gratuitamente el castellano a estas personas. Personas que en lugar de donar dinero donan alimentos, ropa, calzado, material escolar para niños, etc.

Entrevista a Yolanda Bassas, Crisis e inmigrantes

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